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Juan M. Clavijo / @Juan_M_Clavijo

Las decisiones que tomamos en nuestra vida nos conducen hacia determinados caminos casi siempre desconocidos. El valor y la repercusión de cada una de ellas estará estrechamente ligado al efecto que tenga a medio-largo plazo en nuestro día a día. Seguramente, ese sería uno de los pensamientos que rondaría la cabeza de Marcos Rojo (Aguilar de Campoo, Palencia, 1993) cuando decidió colgar la bicicleta el pasado 8 de mayo, con sólo 24 años.

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La decisión más difícil de su vida

«Ya no disfrutaba con lo que estaba haciendo», asegura el exciclista de Burgos-BH mientras atiende la llamada de El Maillot Semanal. No se sentía a gusto. Más bien, todo lo contrario. Su aciago comienzo de temporada había disminuido considerablemente su ilusión por haber alcanzado en 2017 aquello por lo que había luchado durante tanto tiempo: llegar al campo profesional. Las lesiones, unidas a un desfavorable estado anímico, desataron un sentimiento de frustración (e incluso temor) en su figura, hasta el punto de conducirle hacia la retirada definitiva.

«Ha sido una decisión complicada, pero no me arrepiento de ella»

Sin embargo, el palentino es un hombre que destaca por su filosofía de vida. «Es la decisión que he tomado y no me arrepiento de ella. Probablemente, ha sido uno de los momentos más difíciles, pero estoy satisfecho con todo lo que he vivido», explica. Simpático, alegre, expresivo y responsable. Así es Marcos Rojo, quien dice «haber gozado de un enorme apoyo por parte de mucha gente».

Miembro del prolífico equipo Lizarte en 2015 y 2016, el de Aguilar de Campoo dio el salto al Burgos-BH merced a sus grandes actuaciones durante su última temporada en la escuadra navarra, donde ganó la primera etapa de la Volta a Lleida, uno de sus sueños como corredor. «Mis deseos eran ganar una carrera Élite/Sub-23 y llegar al profesionalismo. Por suerte, he podido cumplir ambos», afirma Rojo, el cual sólo tiene palabras de agradecimiento hacia el cuadro burgalés.

Más apoyo para los ‘pequeños’

La precaria situación del ciclismo base en España es un hecho evidente en todos los sentidos. No es de extrañar, por tanto, que el castellanoleonés reclame una serie de ayudas básicas para aquellos conjuntos que ejercen de trampolín hacia las categorías más altas: «Muchos hablan de lo complicado que es alcanzar el campo profesional, pero tendríamos que pararnos a mirar la cantidad de impedimentos que se les ponen a las escuadras más modestas y las facilidades que se les dan a los grandes. Los estamentos pertinentes deberían trabajar en reducir tal desigualdad».

«Los pequeños tienen demasiados impedimentos; los grandes, excesivas facilidades» 

Concienciación en la carretera

Evidentemente, Marcos Rojo aprovechó la ocasión para hacer un llamamiento a todos aquellos aficionados a la bicicleta que están pasando por un momento complicado tras los continuos accidentes que se están produciendo en las vías españolas: «El colectivo ciclista está más que sensibilizado en las carreteras. No acabó de comprender por qué estos sucesos nos están legislados como es debido».

Además, propone varias medidas para frenar una lacra que ha ido ‘engordando’ a lo largo de los últimos días: «Es inadmisible que continúen ocurriendo este tipo de cosas. Por ejemplo, ¿por qué no se aumenta el transporte público durante las noches en las que la gente suele salir de fiesta? De este modo, las personas que estuviesen bajo los efectos del alcohol quizá se lo pensarían dos veces antes de coger el coche».

No podía faltar el Giro

En plena corsa rosa, el palentino se atrevió a dejar constancia de sus dotes de vidente. Y lo hizo hace una semana, concretamente después del final en el Monte Etna: «A pesar de haber dejado el ciclismo, he de reconocer que he estado viendo el Giro. Creo que va a ser una carrera muy disputada, pero, si he de apostar por un podio, me quedaría con Nairo Quintana, Thibaut Pinot y Geraint Thomas». Dicho queda. Mucha suerte, campeón.