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Manuel Bernáldez / @linthucillo

La rápida evolución de la bicicleta a lo largo de los últimos años ha provocado que su futuro esté ligado a un crecimiento mecánico y, sobre todo, tecnológico. Cada vez son más los innovadores artilugios electrónicos que inundan el mercado ciclista, aunque, como todo en este mundo, este medio de transporte tuvo un inicio que difiere mucho de la actual realidad.

La ‘Draisiana’ ejerció de pionera

El primer utensilio de dos ruedas capaz de ser impulsado por la fuerza del ser humano data del año 1816 y fue inventado por el barón Karl Freiherr von Drais, al cual debe su nombre: la Draisana. Se trataba de un vehículo de dos ruedas sin pedales, pero que, por su tamaño, permitía a los usuarios ‘remar’ con los pies. Por lo tanto, hablamos de un invento similar a las motos de juguete que utilizan los niños pequeños de hoy en día. No obstante, este era un ‘juguete’ para adultos. En 1819, Denis Johnson, un empresario inglés, adquirió dicha invención y la rediseñó para registrar la patente bajo el nombre de Hobby Horse.

Foto: La ‘Draisiana’, de Karl Drais

Foto: Prototipo de ‘Hobby Horse’

Macmillan y Starley, dos genios al servicio de la bicicleta

El siguiente vehículo en esta larga historia vio la luz en el año 1839, de la mano del herrero escocés Kirkpatric Macmillan, que incorporó a su prototipo unas barras metálicas al eje delantero de la rueda. Éstas poseían unas plataformas que permitían impulsarse con la fuerza de las piernas. Por consiguiente, se trata del primer ejemplo claro de bicicleta con pedales o velocípedo. Sin embargo, el más famoso de estos artilugios es el patentado en 1873 por James Starley, conocida popularmente como Penny Farting.

Foto: Bicicleta autopropulsada

Foto: Velocípedo de James Starley

Dunlop, mucho más que un simple apellido

Antes de la bicicleta de Starley, concretamente en 1845, Robert William Thompson instaló las primeras ruedas hinchables (una combinación de cuero y goma) en uno de los prototipos. Dicho invento tardó años en popularizarse y no lo hizo verdaderamente hasta que, en 1888, el escocés John Boyd Dunlop, el fundador de la compañía de neumáticos que hoy porta su apellido, fabricara las primeras ruedas hinchables de caucho con cámara de aire interior.

Todos estos inventos tuvieron su punto culminante en el año 1889 con la aparición de la primera competición ciclista, en París, en una carrera organizada por los hermanos Olivier cuya longitud no sobrepasaba los 1200 metros. A partir de ese momento, comenzó la fiebre por investigar nuevos modelos y fórmulas para hacer de las bicicletas un medio de transporte cada vez más rápido, pero también seguro. Benditos genios.