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Manuel Bernáldez / @linthucillo

La bicicleta es, hoy en día, un medio de transporte barato, ecológico y muy de moda en las zonas urbanas de las grandes urbes. No obstante, hubo un tiempo en que este utensilio de dos ruedas se convirtió en una parte fundamental de las unidades de infantería de algunos ejércitos. Como tal, desempeñó un papel, en algunos casos, muy importante en el devenir de algunas guerras.

Unidades de infantería ciclista: sigilosas e infalibles

Por lo general, las unidades de infantería ciclista son dispositivos de un reducido tamaño en lo que respecta al número de efectivos. Su función se centra en labores de infiltración entre las líneas enemigas, ya que, gracias a su sigilo, son capaces de acceder a zonas de visibilidad reducida y a las cuales no podría llegar cualquier otro vehículo de mayor envergadura. El concepto data de finales del siglo XIX, cuando en Estados Unidos, Europa y Australia se popularizó el modelo denominado máquina segura (semejante a las bicicletas de paseo contemporáneas).

El máximo exponente de esta peculiar estratagema lo encontramos en la Batalla de las Ardenas de la Segunda Guerra Mundial (diciembre de 1944 – enero de 1945), precisamente el lugar en que los Valverde, Dan Martin, Van Avermaet y compañía nos regalarán, durante una semana, una lucha encarnizada que arrancará este domingo con la disputa de la Amstel Gold Race. Eso sí, lo harán con bicicletas actuales, muy distintas a las que empleaban aquellos valerosos soldados a mediados del siglo XX.

Foto: Miembros de la infantería marina, junto a sus bicicletas

Vitales en la Batalla de las Ardenas

Retomando la última referencia histórica, los alemanes aprovecharon el sigilo que proporcionaban las unidades ciclistas para infiltrarlas y conseguir información sobre los puntos de acampada, el número de efectivos y la composición de las tropas que iban a participar en la batalla del lado Aliado. De esta labor se ocupó en tal ocasión, como ya hiciera en el frente ruso, el Radfahr Bataillon 402, el cual formaba parte a su vez de las SS, el cuerpo de combate más leal a Adolf Hitler.

Este grupo de ‘corredores con fusiles’ logró retrasar, en la medida de lo posible, la derrota nazi en la Batalla de las Ardenas, debido a su inmenso trabajo de inteligencia y su buen hacer en las acciones de guerrilla. Quizá estos soldados no ‘engordaron’ el número de bajas de los Aliados, aunque mermaron la moral de sus tropas a través de continuas emboscadas nocturnas que generaban inquietud y nerviosismo en las figuras de los soldados enemigos. Eran ‘fantasmas’ que cabalgaban a lomos de una bicicleta.

Foto: Uno de los soldados canadienses, arreglando su bicicleta

Escuadrón Aliado – Radfahr Bataillon 402

Los Aliados también poseían unidades de este tipo. Por ello, tras la ofensiva alemana, rápidamente fueron trasladadas a la zona para contrarrestar el trabajo y la fuerzas del Bataillon 402. Gracias a ello, se neutralizaron con cierta celeridad los efectos de este escuadrón que marchaba a pedales. Al parecer, los efectivos canadienses y estadounidenses estaban mucho mejor preparadas para este cometido.

La Batalla cayó del lado contrario al nazismo y, tras ella, prosiguió el minucioso avance del grupo Aliado hacia Berlín. Una victoria que, pocos meses después, desembocaría en el final del Reich y, por ende, de la hegemonía de Hitler.