¡Escucha el podcast para conocer otra anécdota de Alfonsina Morini!

Daniel Galera / @Galis84

Alfonsina Morini nació en 1891 en Castelfranco Emilia, situada entre Módena y Bolonia, en el seno de una familia de campesinos. Pronto desarrolló su pasión por el ciclismo y comenzó a despuntar en carreras locales. En 1911, llegó a batir el récord de la hora femenino. Cuatro años después, contrajo matrimonio y cambió su apellido por Strada, el de su marido Luigi, también aficionado a la bicicleta y quien se convertiría en su entrenador personal. Poco después, se trasladó a Milán, donde la ciclista comenzaría a desarrollar sus cualidades físicas en el velódromo de la ciudad.

El sueño de correr el Giro

En 1917, en plena Guerra Mundial, participó en el Giro de Lombardía. Dada la escasez de hombres, ya que muchos se encontraban combatiendo en el frente, la organización no vetó su participación, por lo que pudo iniciar la prueba sin problemas. Logró terminar en trigésimo segunda posición, a más de una hora y media del ganador, el belga Thijs , que años más tarde se convertiría en el primer ganador de tres Tours de Francia.

En 1924, hace historia tras convertirse en la primera mujer capaz de correr el Giro de Italia. Eso sí, con ciertos matices. Sabiendo que, muy posiblemente, no le permitirían tomar la salida en la ronda italiana, Alfonsina utilizó una artimaña que, por suerte para ella, le funcionó. A la hora de inscribirse, suprimió la ‘a’ final de su nombre, apuntándose como «Alfonsín Strada».

Foto: Alfonsina Morini, poco antes de disputar el Giro

Los organizadores no se percataron del error hasta el día antes del comienzo de la carrera, así que, para evitar escándalos mayores, la dejaron participar. Durante las primeras etapas, Alfonsina, pese a las predicciones que la situaban entre los últimos puestos, se mantuvo en posiciones intermedias del pelotón, un hecho que no hizo ni pizca de gracia a la organización de la corsa rosa.

Ni los jueces pudieron con ella

En la jornada con final en Perugia L’Aquila, sin embargo, Alfonsina llegó fuera de control. Al instante, los jueces le comunicaron que estaba descalificada. La organización se sentía vilipendiada por su engaño a la hora de inscribirse y habían encontrado la excusa perfecta para excluirla de la competición. Ni siquiera se dispone del tiempo oficial para saber si realmente superó la barrera temporal establecida.

Sin embargo, Emilio Colombo, uno de los miembros del comité, viendo el enorme impacto publicitario y comercial que conseguiría gracias a Alfonsina, le propuso «patrocinarla». A cambio de continuar en la carrera de manera extraoficial, se comprometía a pagarle todos sus gastos. Marchaba con mucho retraso con respecto a los demás competidores, pero la afición le mostró su apoyo de una manera increíble.

Foto: La bicicleta de Alfonsina está expuesta en Madonna del Ghisallo, cerca de las ‘máquinas’ de Merckx, Moser o Pantani

Finalmente, logró llegar a Milán entre los vítores de la gente. Terminó, extraoficialmente, a 28 horas del ganador de la prueba, con mejor tiempo que dos de los participantes que concluyeron aquel Giro (20 horas antes que el ‘farolillo rojo’). En este sentido, de los 90 corredores que tomaron la salida, sólo 30 consiguieron aparcar su bicicleta en la capital lombarda. Alfonsina estaba en esa selecta nómina, había hecho historia.

Siempre ligada a la bicicleta

En los años posteriores, a Alfonsina se le negó la oportunidad de inscribirse de manera ‘oficiosa’ en la ronda transalpina. Por ello, la modenesa optó por participar en numerosas competiciones, hasta que, en 1938, en Longchamp, volvió a batir el récord de la hora para mujeres. Lo hizo a los 47 años, toda una proeza.

Después de enviudar de Luigi Strada, se volvió a casar con un ex ciclista, Carlo Messori, quien le siguió ayudando en sus cada vez más espaciados compromisos. Tras colgar la bicicleta, abrió una tienda relacionada con el sector ciclista, en la cual había un pequeño taller de reparaciones en la Via Varesina. En 1957, Alfonsina se hizo cargo del negocio en solitario por el fallecimiento de su segundo marido. Fiel al deporte que le vio crecer, utilizaba una vieja bicicleta para ir a trabajar.

Alfonsina falleció en 1959, a los 68 años, cuando, tratando de arrancar su moto (una Guzzi 500 que se había comprado anteriormente) al volver de una prueba ciclista, ésta se le cayó encima. Su historia quedará grabada para siempre en la historia del ciclismo. Ejemplo de tesón y valentía.

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