¡Escucha el podcast para saber más sobre Fabio Casartelli!

Daniel Galera / @Galis84

2 de agosto de 1992, en la última vuelta de una prueba de 12 giros a un circuito ubicado en la localidad barcelonesa de Sant Sadurní d’Anoia. Tres corredores estaban a punto de repartirse las medallas de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Dominando sin problemas, el joven Fabio Casartelli, de 22 años, se adjudicó el esprint final, logrando la ansiada presea dorada y dejando la plata y el bronce para el holandés Erik Dekker y el letón Dainis Ozols, respectivamente. Toda una sorpresa. Comenzaba, así, lo que prometía ser una próspera y larga carrera.

Compañero de Armstrong en el Motorola

En 1993, el de Como daría el salto al profesionalismo con el equipo Ariostea. Esa misma temporada, llevaría a cabo su debut en el Giro de Italia, terminando en una discreta 107ª plaza. Un año después, Casartelli se sumó a las filas del ZG-Mobili Bottechia, aunque una lesión le impidió rendir como se esperaba de él. También hizo su primera aparición en el Tour, pero se vio obligado a echar el pie a tierra en la séptima etapa.

Su buena proyección, unida a los grandes resultados que había acumulado en su etapa como amateur, despertó el interés del conjunto norteamericano Motorola, donde conviviría con un tal Lance Armstrong, de por aquel entonces una promesa del ciclismo estadounidense.

El italiano comenzó la temporada 1995 de una forma fulgurante, con un sexto puesto en la Clásica Costa de Almería. Poco a poco, llegó el Tour de Francia, donde se tenían muchas esperanzas puestas en él. No obstante, el 18 de julio, en el kilómetro 34 de la decimoquinta jornada entre Saint-Girons y Cauterets, exactamente a las 11:30 h. de la mañana, Casartelli se fue al suelo junto con otros corredores mientras descendía el Portet d’Aspet.

La tragedia de Portet d’Aspet

El único que se hallaba inconsciente en la calzada era el dorsal 114 del Motorola. Las cámaras de televisión centraban la atención en el italiano, inerte sobre el asfalto y con un gran reguero de sangre que brotaba de su cabeza. Las imágenes de Casartelli dieron la vuelta al mundo.

Aquel fatídico día, Fabio no llevaba puesto el casco, pues no era obligatorio. Temeridades de la época. A raíz de su accidente, se abrió un gran debate alrededor del uso de este elemento, indispensable en la actualidad. Aquella etapa la ganó Richard Virenque, quien celebró la victoria, ajeno al drama que se había producido unos kilómetros antes.

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Casartelli fue atendido en el mismo lugar de la catástrofe. Un helicóptero le trasladó hasta el hospital de Tarbes, al cual llegó en coma. Tras tres paradas cardíacas (de las que pudo salir airoso) durante el trayecto y poco después de ingresar en el centro médico, el joven corredor del Motorola fallecería a las 13:40 h. debido a la gravedad de sus heridas.

Recordemos, pues, a Fabio Casartelli con esa medalla de oro de Barcelona colgada al cuello, el mejor homenaje posible para la última víctima mortal del Tour de Francia hasta la fecha.

Grazie di tutto, Fabio.