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Manuel Bernáldez / @linthucillo

El ciclismo es un deporte que se escribe siempre con sangre, sudor y lágrimas. Tal afirmación alcanza una mayor dimensión si hablamos de esos momentos memorables que nos regalan las grandes vueltas, la mayoría de ellos aglutinados en los puertos más emblemáticos de cada prueba. Allá donde los corredores persiguen a sus ‘demonios’ a lo largo de un sinfín de tortuosos kilómetros.

Supremacía italiana

Precisamente, esto ocurre en uno de los colosos mas míticos de la orografía alpina: el Mortirolo o puerto de la Foppa, el cual se afrontó por primera vez en el año 1990 con ocasión del Giro de Italia. Desde entonces, se ha convertido en una cima casi asidua en la ronda tricolore, ya que el número de apariciones en la corsa rosa asciende hasta 12, siendo Leonardo Sierra (Venezuela, 1990), Toni Colom (España, 2008), Oliver Zaugg (Suiza, 2012) y  Steven Kruijswijk (Países Bajos, 2015) los únicos cuatro corredores no italianos que lo han coronado en primer lugar (independientemente de que haya sido puerto de paso o final de etapa).

Foto: Perfil del Mortirolo © Altimetrias.com

El Mortirolo arroja unos datos escalofriantes: 12,8 km. de subida al 10,8% de pendiente media y rampas que alcanzan el 18%, además de salvar un desnivel de 1.318 metros. Testigo de batallas antológicas, este coloso alpino vivió el primer gran momento del Giro de Italia de 1994, con el triunfo de un, por entonces, jovencísimo y semidesconocido Marco Pantani.

La cima de Pantani… y Scarponi

El Pirata tuvo la osadía de soltar a sus compañeros de fuga en plena subida para, posteriormente, hacerse con la victoria. Miguel Indurain, Eugeni Berzin y Claudio Chiapucci no pudieron aguantar el ritmo del de Cesena y, a pesar de que en el descenso el navarro consiguió alcanzarle, Pantani impuso su ley en Valico de Santa Cristina. La pájara de Miguelón en aquel último escollo de tercera categoría condenó sus opciones de cara a la general, una clasificación que, finalmente, se adjudicaría el ruso Berzin.

Foto: Así luce la escultura en honor a Pantani en el Mortirolo

Con motivo de esta y otras gestas que acumuló Pantani en las rampas del Mortirolo, se erigió un monolito en su honor, concretamente en la localidad de Piaz de l’Acqua (kilómetro ocho de la ascensión). Hablando de homenajes, recientemente hemos vivido la desafortunada pérdida de Michele Scarponi, una tragedia que la corsa rosa ha querido inmortalizar denominando a este ‘monstruo’ de los Alpes como «cima Scarponi” (el italiano ganó por última vez en dicha prueba en 2010, en una jornada donde se superaba el Mortirolo). Sin duda, un bello gesto que hará más emotivas cada una de las ascensiones que se hagan a este regalo de la orografía italiana.

Vídeo: Así fue la la exhibición de Marco Pantani en el Giro de 1994