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Juan M. Clavijo / @Juan_M_Clavijo

El 28 de mayo de 2010 no fue un día cualquiera. Fue una jornada donde la épica y el nerviosismo se adueñó de las carreteras alpinas del Giro de Italia. David Arroyo afrontaba la 19ª etapa de la corsa rosa engalanado con el maillot de líder. El talaverano se había ganado sobre el asfalto la posibilidad de sumarse al selecto grupo de vencedores de una gran vuelta. ‘Sólo’ tenía que aguantar tres batallas más. Aprica, Trivigno, el infernal Mortirolo y un nuevo paso por Aprica. Esos eran los escollos a superar aquella gélida tarde de mayo y que servían para finiquitar el primero de esos tres combates por el rosa.

Ivan Basso se había convertido en el rival, no sólo del ciclista de Caisse d’Epargne, sino de todo un país. España permanecía incrédula y expectante al comprobar que otro de esos ciclistas que no acostumbran a llenar hojas de periódico (al igual que Carlos Sastre u Óscar Pereiro) podía hacer historia. Otro más, y ya van… La gran mayoría de aficionados sabía de la dificultad de frenar a un titán como el italiano de Liquigas. El de Gallarate ya había levantado el trofeo de campeón en 2006 y había dejado constancia del enorme talento que corría por sus venas. Además, si a esas facultades le añades la presencia complementaria de un, por aquel entonces, joven Vincenzo Nibali, la ecuación resulta perfecta.

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El Mortirolo, uno de esos puertos que inspira respeto y temor con tan solo mencionarlo, se convirtió en el juez de la prueba. El dúo verde fosforito de Liquigas asumió la responsabilidad en la ascensión alpina y coronó con cierta ventaja sobre el líder manchego. Junto a ellos, Michele Scarponi. Sí, él. Ese corredor tenaz e inconformista que acabaría imponiéndose en Aprica, sumando su último triunfo en ‘su’ querido Giro de Italia. Uno todavía no da crédito a lo sucedido por muchas vueltas que le dé.

Retomando la batalla por la preciada maglia rosa de 2010, Arroyo protagonizó uno de los descensos más trepidantes y tensos de los últimos años. Alcanzó a Vinokourov, Carlos Sastre, John Gadret y Cadel Evans, e incluso llegó a despegarse de sus ruedas poco antes de la subida final. Desafortundamente, el esfuerzo en la bajada le pasó factura y llegó a meta a más de dos minutos del trío de cabeza de carrera. Cedió su prenda distintiva, pero lo hizo a lo grande, como un campeón y ante uno de los mejores vueltómanos de la última década.

Foto: David Arroyo, el año pasado con los colores de Caja Rural © Web Caja Rural

Con todo merecimiento, el de Talavera de la Reina subió al segundo peldaño del podio en Milán y evitó el doblete de Liquigas. Meritazo. Siete años después, Arroyo destila experiencia y veteranía en Caja Rural. Ha destinado sus últimas temporadas a compartir sus vivencias con los más jóvenes y enseñarles los secretos del deporte que le ha visto crecer. Su carácter, impregnado por la necesidad imperiosa de trabajar por un bien común, le ha llevado a convertirse en uno de los ciclistas más humildes del pelotón. Precisamente, el manchego habló hace escasos días en El Maillot Semanal y compartió con nosotros tanto sus sensaciones en aquel Giro mágico como sus planes de presente y futuro. Sin duda, un ‘currante’ nato.