¡Escucha el podcast para conocer más sobre Alfredo Binda!

Daniel Galera / @Galis84

Alfredo Binda (Cittiglio, 1902 – Cittiglio, 1986), aunque nacido en Italia, pasó su infancia en la ciudad francesa de Niza. Comenzó a trabajar como escayolista, al mismo tiempo que empezaba a despuntar en el velódromo de la localidad. Finalmente, Binda dejó la profesión para dedicarse plenamente a la bicicleta en 1923, comenzando a ganar carreras menores en territorio galo. Poco más tarde, vendría su estreno en la carrera que marcaría su vida para siempre: el Giro de Italia.

El inicio de una nueva era

La edición de 1925 parecía enfocada de antemano a una batalla de tú a tú entre los dos dobles ganadores de la carrera, Costante Girardengo y Giovanni Brunero. Durante las primeras etapas, la corsa rosa seguía el guión previsto, con el primero marchando como líder tras levantar los brazos en dos ocasiones. Sin embargo, la quinta jornada traería consigo una inesperada situación. El, por entonces, desconocido Binda, se aupó al liderato tras finalizar segundo aquel día y protagonizar una escapada junto con el vencedor del Giro de 1920, Gaetano Belloni.

Muchos pensaban que ese liderato sería poco más que anecdótico, pero la Gioconda (como era conocido popularmente por su elegancia tanto dentro como fuera de las carreteras) consolidaría su selecta posición tan solo 24 horas después, adjudicándose su primer triunfo en aquel Giro. Un puesto de honor que no abandonaría hasta el final de la competición. En la clasificación final, los que figuraban como teóricos favoritos antes de la jornada inaugural, Brunero y Girardengo, acabarían a siete y cuatro minutos de Binda, respectivamente.

Foto: Alfredo Binda, durante uno de los múltiples Giros que disputó

Un dominio incontestable

Un año después, Binda se fue al suelo en la segunda etapa y cedió un tiempo que, a la postre, se tornaría irrecuperable. En aquella edición, el triunfo fue para Brunero, convirtiéndose en el primer tricampeón de la historia de la ronda italiana. Pese a su mala fortuna, Binda acabaría la prueba con cuatro victorias parciales y un más que meritorio segundo puesto.

El Giro de 1927 pasaría a la historia como la edición de una gran vuelta donde la diferencia entre el primero y el segundo ha sido la más amplia. El protagonista de este artículo lideró la competición desde la primera hasta la última jornada, imponiéndose en doce de los quince parciales y abriendo una brecha de ¡¡26 minutos!! con el ganador de la última corsa rosa.

El guión fue prácticamente similar la temporada siguiente. El italiano se adjudicó la general, igualando el triplete conseguido anteriormente por Brunero. Además, sumó otras cinco etapas a su palmarés, un número que podía haber aumentado considerablemente de no haberse empeñado en ayudar a su hermano y gregario, Albino Binda, a cumplir su sueño como ciclista: ganar una etapa en el Giro. Lo consiguió, dando buena cuenta del enorme corazón que Alfredo portaba en el pecho.

Un campeón impopular

El Giro de 1929, además de ser víctima del dominio del titán de Cittiglio (ocho etapas y general final), pasará a la historia por un hecho inédito. Cualquier país haría suyos los éxitos de un compatriota, idolatrándolo y convirtiéndole en un héroe. Sin embargo, en el caso de Binda, tras volver a arrasar en la ronda italiana, se convirtió en todo lo contrario. La prensa se le echó encima, acusándole de ganar sin esforzarse y transformándole en un corredor impopular para la afición local.

Foto: Alfredo Binda, en acción

Tras la cruel campaña orquestada contra Binda, en la corsa rosa del año siguiente tuvo lugar  una de las situaciones más esperpénticas  y dantescas que se conocen hasta la fecha. La Gazzeta dello Sport ‘sugirió’ al campeón transalpino que disputase la carrera con una bici más pesada que el resto de sus rivales, o que incluso saliese con cierto retraso en cada una de las etapas. Obviamente, Binda se negó en rotundo, pero Armando Gougnet, máximo mandatario del Giro, tenía otra bala en la recámara para hacer más atractiva la puebra: él mismo se encargó de ‘comprar’ a los dirigentes del equipo de Binda, el Legnano, pagándoles 22.500 liras (mucho más que lo que ganaba de por aquel entonces el vencedor de la carrera) a cambio de que Alfredo no tomase la salida en aquella cita.

Su última dentellada

Este acto surrealista, que en ningún caso se le puede atribuir al bravo campeón italiano, acabó por convertirse en una especie de maleficio para él en las siguientes ediciones. En 1931, ‘solo’ se llevaría dos victorias parciales tras una caída en la quinta etapa que le haría perder sus opciones de cara a la general. Un año después, finalizaría séptimo, su peor actuación en un Giro.

Todos aguardaban con ansia el epílogo de su excelsa carrera deportiva. Sin embargo, contra todo pronóstico, Binda emergió de sus cenizas para coronarse por quinta vez como campeón de la corsa rosa, una gesta que sólo han podido igualar ot ros dos mitos: Fausto Coppi y Eddy Merckx. La Gioconda estuvo presente en las ediciones de 1934 y 1935, aunque no logró engordar su, ya de por sí, maravilloso palmarés. No obstante, nosotros preferimos quedarnos con lo bueno, con las gestas que regaló a este deporte Alfredo Binda, el campeón impopular.

Vídeo: La carrera de Alfredo Binda